Mostrando entradas con la etiqueta Beneficios de la Bici. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Beneficios de la Bici. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de marzo de 2011

Andar en bici es ejercer ciudadanía | El blog de ANCA

Andar en bici es ejercer ciudadanía | El blog de ANCA


Andar en bici es ejercer ciudadanía

Por: Alberto Serdán / @albertoserdan
Yo confieso que usé coche. Fue mi ilusión de juventud comprarme uno. Lo usaba todos los días. Andaba por la vida echando humo para “llegar rápido” a donde sea. No creí que andar en bici me fuera a dar más caché ni que me hiciera más galán. Tampoco que me cambiaría la vida. Mis amigos la usaban y debo decir que sentí mucha, mucha, curiosidad.

Entonces decidí ir a la calle de San Pablo y con el padrinazgo de Andrés Lajous encontré el modelo de mis amores. Me puse a estudiar el Reglamento de Tránsito y me ocupé de responder las inquietantes preguntas que acompañan una decisión como esta ¿estás seguro? ¿no es peligroso? ¿tienes casco? ¿lucecitas? ¿cadena? ¿seguro médico?

Una de mis primeras alegrías al usar la bici fue ir más rápido que los coches. Descubrí que el tráfico no solamente agobia sino que aprisiona y que la ira que llegué a experimentar detrás del volante desaparecía al andar en bici. Obtuve mi libertad. Gané plenitud. Disfruté el poder.

Y algo más. Descubrí que en la bici ves otra ciudad. Las jacarandas son más moradas y abundantes. Las personas tienen expresiones. Pude decir buenos días a extraños, al policía. En fin, cosas que encima del coche, simplemente, no supe apreciar. Se develó ante mi una ciudad más humana. Más real.

Esta oda a la bicicleta, a la “maquina libertadora”, reivindica mi derecho a la recreación, al tiempo y al espacio propios. A la posibilidad de ejercitar mi cuerpo y mi vida. De ir más allá del punto A al B en que se habían convertido mis largos, estresantes y aburridos trayectos en coche.

Pero descubrí algo más: el ejercicio liberador del uso de la bicicleta la experimentaron las mujeres británicas y estadounidenses hacia finales del siglo diecinueve. Susan Anthony dijo en 1896 que la bicicleta “hizo más para emancipar a la mujer que cualquier otra cosa en el mundo. Da a las mujeres un sentido de libertad y autoconfianza”.

En efecto, las mujeres obtuvieron movilidad y dejaron de depender de los hombres para trasladarse, conversar, convivir y, además, transformó a la industria textil al promover prendas más cómodas y olvidar el corsé. Más aún, fue objeto de devoción de las “sufragistas” que luchaban por el voto femenino.

De esta manera, el uso de la bicicleta se transformó de una experiencia individual a un ejercicio político de libertades. En la actualidad, no es gratuito que el activismo a favor de abrir el sistema y ampliar la democracia tenga una cierta conexión con la bicicleta.

Así, por ejemplo, en 2009 desde la Asamblea Nacional Ciudadana lanzamos la iniciativa ¡Ya bájenle! con el propósito de reducir el dinero a los partidos políticos. En señal de exigencia, más de 250 mujeres y hombres pedalearon en una bicicleta conectada a un foco que permaneció prendido durante 24 horas seguidas al pie del Ángel de la Independencia.

El uso de la bicicleta puede ir más allá. Es un símbolo de la exigencia ciudadana para construir la ciudad que queremos. Una ciudad más humana, sustentable, habitable, apapachable. Una ciudad construida por todas y todos.

Esa aspiración está amenazada por los grandes negocios que representan las obras de infraestructura que atentan contra la ciudad: Supervías, Segundos Pisos, pasos a desnivel. Un ejemplo, en su idea de ciudad, el Centro Cívico de Chicago pasó de ser un lugar de encuentro a un nudo vial. La ciudad, una vez más, se deshumanizó.

Y el proceso es el mismo: compadrazgos, favoritismos, madruguetes, falta de información, falta de consulta, protestas, represión. Así, la idea de ciudad se vuelve un campo de batalla en el mejor de los casos, franco agandalle en la mayoría de los mismos. Mover coches y no personas, es la consigna. Abultar billeteras, también.

¿Qué podemos hacer para reclamar nuestro derecho a la ciudad? ¿cómo podemos recuperar nuestro espacio público? ¿cómo le hacemos para transformar la realidad de nuestras ciudades? ¿qué debemos hacer la ciudadanía para disfrutar de las sonrisas y de los “buenos días” en la calle?

La bicicleta nos recuerda su carácter subversivo. En Guadalajara, un grupo de jóvenes con 12 mil pesos juntados en coperacha se dispusieron a pintar su propia ciclovía luego de que el Plan Maestro del gobierno metropolitano las dibujara en un mapa sin darles presupuesto. Por tanto, sin construirlas. O sea, atole con el dedo.

Reivindicando su derecho a hacer ciudad, estos jóvenes echaron mano a la pintura, vuelo a la imaginación y compromiso a su ciudadanía. Tomar la ciudad en nuestras manos es también una defensa ciudadana por nuestro derecho a la vida. Las bicicletas blancas representan a ciclistas que murieron atropellados. Luchar por carriles y señalización, es un ejercicio político por la vida.

El ejemplo cunde y desde aquí hacemos un anuncio: en el Distrito Federal el próximo 21 de marzo a las 11 de la mañana se pintarán banquetas, donde no las hay, en el Puente de los Poetas rumbo a Santa Fe. Es la era de las #Wikiciudades donde el espacio público es apropiado por una ciudadanía anónima y comprometida.

La bicicleta es un instrumento; el propósito, apropiarnos del espacio público para hacer ciudades para todas y todos. En su libro Fuego Cruzado, Marcela Turati nos recuerda lo fundamental que es recuperar el espacio público ante la deshumanización que provoca la violencia. Reconocernos como pares, recuperar las calles, arrebatárselas a las balas, a la ira, a la sinrazón.

Ello implica aparentes sacrificios personales como dejar el coche en casa o, mejor, convertirlo en jardín. Multiplicar estas prácticas, hacerlas visibles, difundirlas con rapidez, hacerlas experiencias ligeras y divertidas es nuestra tarea. Implica cambiar nuestras prioridades y motivaciones.

Implica ver más allá (con la ayuda de nuestros mejores amigos) para tener la ciudad que queremos y la calidad de vida que merecemos. La movilidad va más allá de ir del punto A al punto B en el menor tiempo, el mayor confort y la mayor sustentabilidad posibles.

Es la conciencia de que la ciudad que queremos está en nuestras manos. El futuro ciudadano que queremos, también. Andar en bici es un buen comienzo. Usar la bici, es liberador. Recorrer la ciudad en bici, es de galanas y galanes. Movilizarse en bici, es también ejercer ciudadanía.

martes, 1 de febrero de 2011

Coches vs Bicis

Recomendamos esta nota de Francisco Valdés
Francisco Valdés Perezgasga (twitter.com/fvaldesp)*

* *Aunque ahora haya quedado empañada por la otra guerra, la de balas y
granadas, se sigue librando una lucha sorda en nuestras calles. La guerra
mortífera que los coches van ganado de calle contra las bicis. No son sólo
los encontronazos fatales de fierros contra huesos y carne, del veloz coche
contra la lenta bicicleta. Es también la ocupación del espacio público y el
agandalle de los presupuestos viales municipales, estatales y federales. El
coche es hoy, más que nunca, el objeto que rige nuestras vidas y, en
demasiadas ocasiones, determina nuestra muerte.

El coche se inventó para dar solución al problema de la movilidad limitada.
Con un coche, en teoría, podemos llegar más lejos y más rápido que nunca
antes. Hoy, el coche nos ha traído los males del sedentarismo -obesidad,
enfermedades cardiovasculares, contaminación, accidentes mortales, atascos,
escasez de estacionamientos y, finalmente, movilidad limitada y lenta. Hoy,
en Londres, la velocidad promedio del tráfico es de 12 kilómetros por hora:
la misma que cuando Sherlock Holmes perseguía malhechores en carreta. En el
DF no es mucho mejor: 17 km/h, una velocidad alcanzable por cualquier
ciclista. Aún sí, le dedicamos al coche el segundo gasto más alto de
nuestras vidas, tras la adquisición de una casa. Una inversión que usamos
luego unos minutos al día.

La irracionalidad del coche y el poder de la minoría de la población que se
mueve en automóvil ha hecho que la totalidad del presupuesto que se dedica
a las obras viales en México, sea para construir infraestructura para ellos.
Estacionamientos, puentes, segundos pisos y autopistas en una tiranía
asfixiante que no considera a nadie que no se mueva en un vehículo de motor.

Siempre he creído que la invisibilidad de los ciclistas para las autoridades
y los automovilistas reside en que somos, en nuestra inmensa mayoría,
parias. Se mueve en bici el que no tiene para pagar el autobús. Poco importa
que seamos ciudadanos rectos, productivos, amorosos esposos o padres de
familia ejemplares. Somos veladores, albañiles y campesinos. Algo terrible
debemos haber hecho para que no tengamos la fortuna de tener un coche.
¿Exagero? Lea la carta que una airada lectora dirigió a las páginas de este
diario antier. Escribe con ira “... me los encuentro constantemente y no
hay quien les ponga un alto, estos señores que andan en su bicicleta...” y a
renglón seguido pide “...que les pongan reglas por el amor de Dios, que los
eduquen, que tengan una vía por donde ellos deben circular...” Lo que la
iracunda señora pide es que nos pongan reglas pero no que se nos otorguen
derechos. Que nos pongan un alto y que nos eduquen como si fuéramos perritos
ferales.

Los ciclistas no queremos otra cosa que no sea el respeto, el cuidado debido
de los automovilistas, el derecho a transitar con seguridad por ese número
infinito de ciclopistas que tienen nuestras ciudades y que se llaman calles,
avenidas, calzadas y bulevares. Que el automovilista recuerde que él o ella
aún dentro de esa tonelada agresiva de fierro y hule, son como nosotros
personas de carne, tripas, huesos y tendones. Y que nosotros los ciclistas
no portamos esa carísima y pesada coraza. Que nos desplazamos en silencio,
sin envenenar el aire y sin hacerle daño a nadie. Que somos ciudadanos a los
que se nos han negado nuestros derechos más elementales durante demasiado
tiempo. Que deberían exigir estos derechos para nosotros los ciclistas antes
de pedir airados que nos sujeten a las reglas que ellos, los automovilistas,
raramente cumplen.


**

--
Dr. Francisco Valdés Perezgasga
Instituto Tecnológico de La Laguna

lunes, 31 de enero de 2011

La Bicicleta y la Salud de las Personas.

Hoy 31 de enero, junto a Pueblo Bicicletero y Erick Díaz participamos en el foro sobre movilidad urbana sostenible organizado en la Universidad de Monterrey por la Dirección de Sostenibilidad.  
Agradecemos a todas las personas que asistieron y compartieron sus inquietudes relacionadas con el uso de transporte sostenible.
Y como quedamos pendientes compartimos la información relacionada con la salud y el uso de la bicla!!
Una de las ligas corresponde a la publicación de la Secretaría de Salud con información de la Universidad Alemana del Deporte y la otra es una página que les recomendamos por los datos y la información que comparten.
Próximamente subiremos las fechas de las próximas pedaleadas.
Disfruten las notas solo den click en los vínculos

EL RETORNO DE LA BICICLETA
BENEFICIOS DE ANDAR EN BICI